...a través de Bertha Dudde - 06.04.1960
BD 7570 Grilletes del alma … Libertad …

Vosotros permanecéis en vuestro estado deforme hasta que vuestra alma haya demostrado su valía, pues incluso si el alma entra inmadura al más allá, no se sentirá libre, sino todavía se sentirá agobiada por la ponderosidad de la Tierra, aunque se haya desprendido de su cuerpo. Aún se siente atada e incapaz de liberarse de sus grilletes hasta que invoque a Jesucristo y encuentra la Redención. Pero si ya puede liberarse de sus grilletes en la Tierra, que ya haya encontrado el perdón a través de Jesucristo, entonces, al morir físicamente, emerge libremente de su cuerpo y entra en el reino de la luz completamente libre. Por lo tanto, no es solo el cuerpo lo que representa un grillete para el alma, sino que toda su condición entera determina si entra al más allá libre o atada.

Y hay almas que no son consciente de su muerte física, que aún se perciben como tales y que se mueven entre almas afines, creyendo que todavía viven en la Tierra. Pero este estado es un tormento para estas almas, pues sienten su impotencia, les falta la fuerza vital, y por eso non infelices, incapaces de hacer lo que quieren y con lo creen que pueden mejorar su situación. Si, en este estrado de infelicidad, recordaran con compasión a otras almas y buscaran ayudarlas, su condición pronto mejoraría notablemente. Pero les falta amor; de lo contrario, no estarían en este estado de impotencia y ya poseerían cierta cognición.

Por lo tanto, la muerte no representa la liberación de la forma para todas las almas, y también puede ocurrir que el alma se hunda por completo en las profundidades y será desterrada nuevamente en la materia sólida y, por lo tanto, tendrá que pasar por todas las deformaciones terrenales, para poder una vez más pasar como ser humano sobre la Tierra. Sin embargo, el esfuerzo de los seres humanos debe consistir, a través de un estilo de vida correcto, liberarse completamente de la forma, para que la muerte no les cause temor, para que el alma abandone el cuerpo en completa libertad y para que este cambio le conceda únicamente un estado de dicha.

Pero para esto siempre se requiere la Redención de Jesucristo, un ser humano siempre debe haber obtenido el perdón del pecado, que su deuda esté pagada, antes de entrar en el reino espiritual. Porque la culpa del pecado es una carga que el alma siente profundamente. Y no experimentará el sentimiento de la libertad hasta que haya invocado a Jesucristo para perdonar su culpa. Solo entonces es redimida, liberada de cada grillete, y ahora puede regocijarse en esta libertad en el reino de la luz. Solo entonces puede ver con ojos espirituales y reconocer a otras almas, mientras que antes, en las tinieblas o en el crepúsculo, rara vez podía percibir correctamente a otras almas, incluso estando entre otras almas de ideas afines.

No se reconocen entre sí, pero saben si están juntos e incluso se comunican, aunque todo esto ocurre en un estado de completa confusión; no pueden pensar con claridad y solo ocasionalmente experimentan momentos de lucidez cuando seres espirituales de luz intentan ayudarlas. Si aceptan esta ayuda, su situación puede mejorar y pueden encontrar el camino hacia Jesucristo. Sin embargo, su voluntad no se ve influenciada por la fuerza, por lo que pueden pasar largos períodos de tiempo hasta que tal alma encuentre la Redención.

Y vosotros, los seres humanos en la Tierra debéis intentar imaginaros su destino, debéis esforzaros por escapar de tal destino mediante el cumplimiento consciente de vuestra tarea terrenal, y debéis también dirigir con amor pensamientos de ayuda a esas almas, para que puedan sacar fuerza al respecto y cambiar su voluntad cuando las recordéis en la oración. Porque el alma solo puede ser feliz cuando está libre de toda forma, y esto lo puede lograr en la vida terrenal cuando vive según la voluntad de Dios, cuando reconoce a Jesucristo como Hijo de Dios y Redentor del mundo y Le pide perdón por sus pecados … Entonces, incluso la muerte física será para ella solo una redención de cualquier forma …

Amén